Faustino Oro tiene apenas 12 años, pero desde hace tiempo convive con una realidad poco habitual para alguien de su edad. Torneos internacionales, entrenamientos, viajes y expectativas alrededor de un talento que lo convirtió en una de las grandes apariciones del ajedrez mundial.
Quizás por eso, cuando imaginó qué le preguntaría a Lionel Messi si tuviera la oportunidad de conversar con él, no eligió un gol, un título ni algún secreto futbolístico. Quiso saber cómo se aprende a convivir con la presión.
“Le preguntaría cómo hizo para gestionar la presión desde tan chico, cómo mantuvo siempre la motivación para seguir siendo el mejor durante tantos años y qué siente en el momento exacto en que entra a jugar un partido decisivo”, explicó el joven argentino.
La elección tiene un punto de contacto evidente entre ambas historias. Messi comenzó a cargar desde muy joven con enormes expectativas sobre su carrera. Oro, salvando las distancias entre ambos deportes, también comenzó a experimentar desde niño la exposición que genera competir entre los mejores.
Qué hace Faustino Oro cuando no juega al ajedrez
Fuera de los tableros, su rutina cambia considerablemente. Cuando encuentra espacios entre entrenamientos y competencias, busca actividades mucho más habituales para un chico de su edad.
“Me gusta mucho jugar al fútbol, mirar partidos o ver películas y series. También jugar a la Play”, contó.
El fútbol ocupa un lugar importante entre sus pasiones. Oro es hincha de Vélez y durante su reciente regreso a la Argentina aprovechó para ir al estadio José Amalfitani, donde presenció la victoria del conjunto de Liniers frente a Independiente.
Pero también intenta construir momentos en los que el ajedrez directamente desaparezca de las conversaciones.
“También disfruto charlar de cualquier cosa con mi familia y estar con amigos sin hablar nada de ajedrez por un rato”, reconoció.
Son pequeños espacios de desconexión dentro de una carrera que avanza a una velocidad poco habitual para sus 12 años. Entre partidas, viajes y entrenamientos, Oro todavía encuentra tiempo para la Play, el fútbol, Vélez y sus amigos.
Y si algún día tiene a Messi enfrente, ya sabe de qué quiere hablarle: no de fútbol, sino de cómo hizo para soportar desde tan chico el peso de que todos esperaran algo extraordinario de él.